2º CAPÍTULO DE LA VITAMINA D (la del Sol)

Ya os comenté en el artículo del pasado mes de julio que os seguiría hablando de la importancia de esta súper vitamina y más ahora que nos estamos acercando al invierno. Según los investigadores el 50% de la población está en riesgo de sufrir carencia de esta vitamina, con sus consecuencias negativas en la salud tanto física como mental. Hoy en día ya no pasamos suficiente tiempo al aire libre come se hacía antaño, ¿verdad?

vitamina-d-foto

¿Por qué es tan importante esta vitamina?

Reduce el riesgo de cáncer, previene problemas cardiovasculares, refuerza el sistema inmunitario, mantiene sanos y fuertes huesos, cartílagos y dientes, mantiene estable el sistema nervioso, previene catarros y gripes, repara el ADN, interviene en la secreción de insulina del páncreas y también es muy necesaria para la correcta función de la “puñetera” glándula tiroides.

¿Cuándo hay más riesgo de sufrir carencia de vitamina D?

Si en verano usas cremas solares, si tienes más de 50 años, si tienes la piel oscura o de color, si pasas poco tiempo al aire libre, si trabajas de noche, si tienes problemas a nivel intestinal, si tienes problemas de tiroides, si tienes alguna patología tumoral, si tienes sobrepeso u obesidad, si tienes dolores óseos, si padeces esclerosis múltiple, si tienes artritis reumatoide, si tienes fibromialgia, si sufres a menudo de lumbalgias, si tienes asma, si te suda excesivamente la cabeza…Uff! cuántos sis!

El modo más seguro de valorar si se tiene poca vitamina D es a través de un simple análisis de sangre.

Aquí tenéis los parámetros actuales de laboratorio:

VITAMINA D 25 HIDROXICOLECALCIFEROL 

Deficiencia: <10 ng/ml

Insuficiencia: 10-30 ng/ml

Suficiencia: 30-100 ng/ml

Toxicidad: >100 ng/ml

¡Ojo! El valor óptimo estaría entre 50 y 80 ng/ml.

¿Cómo conseguir (que no es lo mismo que absorber correctamente) la vitamina D?

  • Exponiéndonos al sol, al menos 15-20 minutos al día.
  • A través de la alimentación (pescados y aceites de pescado como el de bacalao, huevos ecológicos, hígado de ternera o cordero, cereales integrales ecológicos, mantequilla y leche y/o kéfir bio). Recordad que la dieta debe ser personalizada.
  • Con las dosis adecuadas en forma de suplementos de vitamina D pero sólo bajo la supervisión de un profesional.
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